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miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Opresivo y gris? NO, crecer en el comunismo fue la época más feliz de mi vida

Pravda Estado español


Artículo de opinión de Zsuzsanna Clark, que creció en Hungría Socialista durante las décadas de los 70 y los 80, y posteriormente en Gran Bretaña. Narra sus vivencias y realiza interesantes reflexiones que asombrarán a más de un despistado. 

Aparecido en el Dailymail y traducido por Pravda Estado español


Cuando la gente me pregunta cómo era crecer detrás del telón de acero en Hungría en los años setenta y ochenta, la mayoría espera escuchar cuentos de policía secreta, las colas de pan y otras declaraciones desagradables sobre la vida en un estado de partido único.

Ellos quedan siempre decepcionados cuando les explico que la realidad era muy diferente, y Hungría comunista, lejos de ser el infierno en la tierra, era en realidad, más bien un lugar divertido para vivir. Los comunistas proporcionaban a todos con trabajo garantizado, buena educación y atención médica gratuita.

Pero quizá lo mejor de todo fue la sensación primordial de la camaradería, el espíritu que falta en mi adoptada Gran Bretaña y, de igual forma, cada vez que voy de regreso a la Hungría actual. 

Yo nací en una familia de clase trabajadora en Esztergom, una ciudad en el norte de Hungría, en 1968. Mi madre, Juliana, vino del este del país, la parte más pobre. Nacida en 1939, tuvo una infancia dura. Dejó la escuela a los 11 años y se fue directamente a trabajar en los campos. Ella recuerda haber tenido que levantarse a las 4 am para caminar cinco kilómetros para comprar una hogaza de pan. De niña, ella tenía tanta hambre que a menudo esperaban junto a la gallina hasta que pusiera un huevo. Entonces lo abría y se tragaba cruda la yema y la clara. 

[…] Una de las mejores cosas fue la manera en que las oportunidades de ocio y vacaciones se abrieron a todos. Antes de la Segunda Guerra Mundial, las vacaciones estaban reservadas para las clases altas y medias. En los inmediatos años de la posguerra también, la mayoría de los húngaros estaban trabajando muy duro para reconstruir el país, las vacaciones estaban fuera de cuestión.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los reyes magos existen

Extraído del blog Cincuenta y tres días

Desde hace prácticamente unos días -los más precoces unas semanas-, vivimos un ambiente fiestero de celebración, entre lucecitas, villancicos y demás simbología arcaica vanideña, que diga navideña.

No pertenezco a los antitodo que durante estas señaladas fechas petarán las páginas de contraninformación y sus respectivos blogs señalando cuan hipócrita, consumista y patético puede resultar la fiesta de la navidad. Lo cierto es que motivos no les faltan, pero...

A mí me gustaría afrontar estas fiestas de origen, digamos difuso, con un poco más de imaginación que las anteriores. La navidad, aparte de ser esa orgía publicitaria-consumista, es una de las pocas épocas del año en la que podemos reuinirnos con familiares y amigos, por ejemplo. No obstante, dejo aquí una peculir anécdota de la que fui testigo y la cual considera muy representativa...
 
Acabé y salí agotado de la facultad tras una agotadora clase de política impartida desde una perspectiva liberal. Como tengo el tobillo derecho todavía convaleciente de un esguince de grado dos, tuve que pillar el autobús de línea para ahorrarme unos cuarenta minutos andando.

El autobús estaba como siempre: conducido por un conductor aparentemente gruñón -cuya huelga encubierta no parece dar frutos- y repleto de caras largas que reflejaban el cansancio de una jornada laboral.
Sólo dos peculiaridades: las típicas señoras mayores que se creen en posesión del pasillo del autobús y que la falta de respeto de los jóvenes hacia ellas sólo se puede reparar de mala manera. Mientras intentaba avanzar y así dejar de ser testigo de esta primera peculiaridad, fui testigo de otra: entre achuchón y achuchón quedé en la zona intermedia del autobús, justo enfrente de toda una familia o al menos en parte; un padre, una madre y un niño de unos tres o cuatro años. Prejuzgando y guiándome por las pintas se trataba inequívocamente de una familia de bien, burguesa: buena y bonita ropa, colonias, gomina y sonrisas de plástico.

Justo en el exhaustivo análisis estético el conductor gruñón de la huelga encubierta daba un frenazo. Al menos estaba vez se trataba de un frenazo necesario para evitar saltarse un semáforo, así que nadie pagó con él los malos tratos del jefe.

Entre el semáforo y el posterior atasco propio de una ciudad cortada por las obras, se produjo la entrañable y enternecedora escena. Se escuchó un efusivo "¡mira, mira!" de la madre supuestamente burguesa al niño chico que, muy rápidamente, recuperaba la sonrisa, aplaudía y respondía entre balbuceos "¡un rey mago!". Inmediatamente entró a formar parte del espectáculo el padre engominado: "¡Sí, sí! ¡Es Baltasar!". La escena ganaba en protagonismo cuando se desató la locura en el joven cuerpo del niño, que aplaudía y pataleaba contento con ver a un rey mago, llamando así la atención en el resto de pasajeros, sobre todo en las señoras mayores.

El rey mago, que se acercaba a todos los coches parados del atasco en el cual también estábamos nosotros, poco a poco y en un giro inesperado se acercó al coche lindante del lateral del autobús en el que estábamos la alegre familia y yo. Tal era la espectación que Baltasar se percató, levantó la cabeza de la ventanilla del coche lindante y miró para nosotros y especialmente para el niño.

De repente el niño se percató de algo y cambió radicalmente ese semblante risueño que encandiló a medio autobús: el rey Baltasar era un famélico indigente que se dedicaba a vender clinex en los atascos, con una barba postiza y una deteriorada corona de plástico.

Alguien, como por ejemplo la realidad, tarde o temprano le deberá contar al niño que el espectáculo superficial de la navidad consiste básicamente en un teatro producido por los pobres, y que como  el teatro  del siglo pasado, sólo está a manos de los ricos.

jueves, 12 de agosto de 2010

Nadie te puede poner limites, solo tu mismo.

Hoy, he decidido dar un saltito en la tarea de información y difusión marxista-leninista, para escribir un poco sobre la propia vida y la superación personal.

El cortometraje que aparece en la parte superior de la entrada, titulado "The Butterfly Circus" y dirigido por Joshua Weigel, no tiene absolutamente nada que ver con ninguna tesis marxista, ni es un vídeo denuncia contra el criminal capital ni tiene absolutamente nada que ver con el comunismo ni nada por el estilo.

Simplemente es un maravilloso cortometraje donde se intenta exponer, que no hay mas imposibles que aquellos que tu te pongas; un vídeo para reflexionar sobre la propia vida y como aprovecharla.

Actualmente, en el mundo que vivimos, el sistema capitalista trata de imponernos y sobre todo a los jóvenes, multitud de complejos y barreras imposibles, con el único fin de despojarnos de nuestra verdadera personalidad, de tratar que no podamos vivir la vida en armonía y sociedad.

Esto se basa principalmente, a que el propio sistema capitalista, basa su razón de ser en la explotación del hombre por el hombre, buscando el beneficio máximo como causa ultima por encima de todo, haciéndonos creer en ese falso sueño que nos imponen; que todo vale con tal de llegar a lo mas alto de nuestra escala social.

Así pues, el capitalismo inculca en las personas complejos y obsesiones totalmente superficiales, como pueden ser las "modas juveniles", cambiantes cada cierto tiempo (cada vez menos duradero) que solo sirven para engordar la industria que beneficia al capitalismo, para alinearnos y despojarnos de nuestra verdadera conciencia.

Y al final de todo esto, tenemos sociedades temerosas de no salir a la calle totalmente arregladas y maquilladas, hombres que no son nadie sin su todo terreno, jóvenes que necesitan comprar y comprar mas y mas ropa cada vez para sentirse aceptados socialmente, mujeres y hombres que por no tener una nariz, una boca o unos pechos perfectos pierden toda su autoestima y se refugian en los codiciosos brazos de aquellos que consiguen trasformar su rostro, en un rostro "bonito"... etc etc

¿Y con todo esto que quiero decir?

Pues que como bien se muestra en el cortometraje, no hay mas imposibles que los que uno mismo se crea.
Que nadie puede ponerte barreras que no puedas saltar y romper, que los complejos creados en torno a la estética y la apariencia de cada uno, son solo eso, simples capas de superficialidad que esconden al verdadero "yo" que todos llevamos dentro.

No hay error mas grande, que tomar el camino fácil.




Disfruten de la excelente y hermosa historia.


Gonzo.










martes, 3 de agosto de 2010

ERASE UN ANTI-TODO

Sacado de Verdades como truños

Un texto antiguo*

Érase un ser discordante al que estuve observando por varias horas en un bar en el que me encontraba, o tal vez fueron minutos, minutos interminables. Un peculiar personaje al cuál ya conocía de vista. Andaba erguido, paso firme y cabeza alta, delgada figura que recordaba a un colorido y harapiento Quijote de camiseta desteñida y botas militares, su mirada, a pesar de su cómico aspecto, era la de un belicoso busca bocas, en ocasiones insufrible.

Me llamó la atención su escandalosa manera de vocear inconexas frases que solía proclamar sin ton ni son, recordándome a un pregonero que en vez de campana, blande un vaso de plástico, cuyo contenido deja caer de vez en cuando al suelo sin darse cuenta. Su aspecto era el de un auténtico guerrillero metropolitano, me pareció al principio un tipo consecuente,  kuffiya al cuello, daba la impresión de tener clara su condición, impresión que se esfumó de un soplo cuando escuché los berridos que profería, puño en alto, mientras hacía un esfuerzo por mantenerse en pie apoyándose en otro de los miembros de su singular tribu.

No eran las víctimas de Gaza lo que parecía alterarlo de esa manera, tampoco el paro ni la situación de América latina. Las palabras que salieron de aquella descompuesta mandíbula golpearon en lo más profundo de mi ser, aquella tonadilla sonó como un tren de mercancías pasándome por encima, desquebrajando mi cuerpo con su maquinaria de metal, una pierna por un lado, un brazo por el otro, y la misma expresión en los ojos de un vaquero que acaba de ser abatido en un duelo al amanecer. Mientras tanto Mijail Bakunin se removía abochornado en su tumba. Agaché la cabeza, abochornado también, apoyado en la fría y pegajosa barra de mármol, se me acababa de atragantar la cerveza.

Las tertulias de 
la COPE se me antojaron inteligentes comparadas con las palabras que aquel ser pronunciaba, ser con el cuál me he ido topando en innumerables ocasiones a lo largo de mis frecuentes idas y venidas por el insólito universo de los fines de semana.

Drogábase como el que más, jactándose fanfarrón de ello. Absolutamente todo le asqueaba, haciéndolo saber por doquier cada vez que abría el hocico, mas aquello no le impedía divertirse noche tras noche hasta desfallecer, desentonando cantares sobre porros y raya de spiz, “
kualkier día te puedes morir”, solía decir bajo los efectos de su propio bálsamo de fierabrás, “no hay fu
turo” y esas cosas, “kaos y destrucción”, “odio y rabia”...

 Me preguntaba mientras berreaba qué pensarían aquellos predecesores de una lucha que aún hoy sigue latente, cuando, vendados los ojos, se aventuraban a morir por una idea, ante las tapias de los cementerios, escondidos en sus casas, ocultos en cuevas o desvanes, perseguidos y torturados. Pensaba en todo aquello cuando una estridente tonada de Manolo Kabezabolo interrumpió mi reflexión.
- Kevin Laden -


jueves, 24 de junio de 2010

¿No vamos a hacer nada?

Cuando pague el billete al conductor del autobús, y consiguientemente ocupe mi asiento, ellos ya estaban inmersos en aquella conversación, pero en ese momento, yo me decante por seguir leyendo uno de mis múltiples libros que me acompañan allá a donde voy.
No pasaron ni tres minutos, cuando intrigado por las palabras, que inconscientemente escuchaba mientras leía algunos de los discursos de Salvador Allende, (crisis, paro o ruina eran algunas de ellas) deje el libro apartado a un lado, y con cierto aire de cotilla, me dedique el resto del viaje a escuchar el diálogo de aquellos tres hombre; el conductor del autobús, un campesino de toda la vida y un trabajador ya jubilado.

Entre los tres mantenían una “acalorada” discusión en el mejor de los sentidos. 
El conductor de autobús, natural de Molina de Aragón según por lo que oí, daba argumentos a los otros dos señores, naturales de Daroca por sus comentarios, de cómo la situación de Molina de Aragón era con creces, peor que la del municipio Darocense; ellos discrepaban, yo también, pero no creía conveniente intervenir.

-          - ¡Os digo yo, que el Molina, la cosa esta mucho peor!  No hay ni una fabrica ni media, ¡nada! Solo bares y más bares.

-        -  La verdad, es que tienes razón - Decía uno de los señores - Pero en Daroca estamos también mal, falta gente obrera.

El conductor decía también que en Daroca, se estaba acabando poco a poco con el pequeño comercio, aquel de toda la vida, por definirlo vulgarmente.

-         -  El problema, es que con esto de la autovía y las desviaciones de rutas y demás, pequeñas tiendas que “hacían su agosto” en épocas más turísticas, gracias a las incesantes rutas de viajeros, ahora, sin esas rutas, se van a la mierda.

-          - ¡No te falta razón maño! – Decía el señor ya jubilado – ¡Mira los jamones mismamente!(1)

Y no les faltaba razón a ninguno de estos tres buenos hombres, honrados y trabajadores de toda la vida, que ven en estos tiempos, como todo lo que ellos han visto florecer a base de esfuerzo y sudor, se derrumba en lo que canta un gallo debido al juego de los gobiernos y las grandes empresas privadas.

En el caso de Daroca(2) al verse construida la autovía a unos 15km mas o menos (10-15min en coche, siento ser poco exacto, pero no se con exactitud la distancia) multitud de comercios, dependientes de del tránsito de camiones y turistas, que tenían a Daroca como un buen lugar adecuado para descansar en la mitad de su trayecto, se han visto obligados a cerrar, tirando al garete todos sus esfuerzos prácticamente, por el simple hecho, de que por puros intereses, salía mejor construir la autovía en el lugar donde reside actualmente.


Además, sobre la comparación que hacían estos tres obreros, sobre la situación económica y de desarrollo de Daroca y Molina de Aragón también se pueden sacar varias conclusiones;

El conductor del autobús, natural de Molina de Aragón como antes hemos dicho, argumentaba que en Molina, solo existía una vía de desarrollo económico, los bares, o el sector servicio, y contrastaba que en Daroca, “por lo menos, tienen  dos fábricas; Pastas Romero y Harinas Lozano”. Pero esto crea un problema; que en un municipio de 2000 habitantes aproximadamente, tener unos focos de empleo como esos, es maravillosamente bueno, ya que en un municipio así, el que haya dos fabricas , genera empleo esto está claro, pero ¿a qué precio?

Al precio de que la tierra y la oferta económica este en manos de muy pocos, haciendo que  aquellos que disponen de estos recursos, manejen el control casi absoluto de la actividad económica del dicho municipio o comarca. Y así, pasa lo de siempre, se enriquecen constantemente y cada vez con más avaricia los de siempre, y los demás (Que somos la gran mayoría, recuérdenlo) perdemos cada vez más.

Volviendo a la conversación del autobús; Cuando los tres hombres tocaron el tema del que acabo de hablar, yo interrumpí educadamente la conversación, y les planteé una pregunta;

-        -  ¿Y si esas fabricas y focos económicos, estuvieran en manos obreras, en manos de los trabajadores?¿Entonces no se enriquecería ningún cacique ni señoritos no?
-           Hay maño! Qué bonito seria eso. - Me dijo el señor jubilado – Pero eso es muy difícil de conseguir…

Los otros dos hombres, el conductor del autobús, y el vecino de Daroca, acabaron con la conversación. Con los ojos puestos en el frente, como mirando a ningún lado, como pensando en si algún día podrían tener algo mejor, para ellos y para sus descendientes, se quedaron mudos. Recogí mi libro y me eche la mochila a la espalda.

Estábamos llegando.




Una vez  que me baje de aquel autobús, con las palabras de aquellos hombres todavía en la cabeza, me pare en un banco, mirando el tránsito de gente que corría  de un lado a otro con prisa por la estación y pensé una vez más, el deber que los comunistas tenemos como representantes de la clase trabajadora.

Pensé que no podemos dejar a su merced a hombres como aquellos que han luchado toda su vida por tener algo mejor, y que ahora más que nunca, en nombre del “socialismo” se recortan los gastos públicos dirigidos hacia ellos y se rebajan sus condiciones salariales hasta mínimos.

El capitalismo es el peor de los males que jamás hemos tenido, la explotación del hombre por el hombre. EL mundo donde el 90% de la población mundial es controlada por el rico 10%. Donde se hace cualquier cosa, con tal de conseguir beneficio, da igual la vida, dan igual las personas, solo importan el enriquecimiento de unos pocos.

¿Vamos a dejar que esto siga así?


Gonzo.



(1)El caso de "los jamones" es el caso de un bar, dedicado principalmente a acoger a los múltiples camioneros que paraban a descansar en sus rutas, y que se vio obligado a cerrar por la desviación de la autovía.
(2)Señalo el caso de Daroca, como podría señalar cualquier otro caso, ya que los pueblo afectados por los juegos del capital y sus infraestructuras son múltiples.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Invisibles

El último escrito publicado en este blog, es un artículo sacado del blog puebloaragonés, el cual relata una vivencia personal del autor sobre temas de inmigración. Si cogí ese artículo, fue porque yo me sentí identificado con vivencias como esas, y desgraciadamente, hace 2 días, tuve que enfrentarme con algo parecido;

Era por la mañana, se presentaba un día despejado y bonito para hacer una buena excursión.

Antes de partir, mi grupo de amigos y yo fuimos a un supermercado para comprar las ultimas cosas, a la entrada, un pobre hombre tirado en el suelo con la gorra como recipiente para las monedas de los transeúntes, en su cartelito de cartón se leía  "Soy de Extremadura, como ves, yo no e tenido tanta suerte como tú. (Gracias)"
Nada mas mirarlo, pensé, cuando salga, le daré 1 o 2 euros. El resto de personas que estábamos en la entrada de aquel supermercado ni vio a aquel hombre, fue como si no existiera.
Una vez dentro, en mi cabeza solo rondaba la imagen de aquel hombre tirado en el suelo con aquel lema que rompía hasta el alma más dura. Una vez compramos todo lo necesario, salimos de aquel supermercado, en la puerta, rodeando a aquel hombre, había mas gente que antes, pero este seguía siendo totalmente invisible para los ojos de aquellas personas.

Entonces, decidimos marcharnos, y cuando el grupo de amigos y yo nos dirigimos en dirección a los coches, una amiga, le dio una patada (involuntariamente supongo) a la humilde gorra con escasos 2-3 euros de aquel hombre.

Entonces, sin que me diera tiempo a pensarlo, me agache y recogí el pequeño botín de aquel extremeño y se lo deje a sus pies, mientras me decía "tranquilo chaval, no pasa nada"

Pero cuando, agachado junto a aquel hombre, levante la vista, vi como ninguna de las muchas personas que a nuestro alrededor estaban, movían un dedo en ayudarnos, ni siquiera en mirar...
El ayudar a aquel pobre hombre, me había convertido en un despojo sin importancia.
Así pues me levante lleno de rabia por aquella vil y criminal pasividad, y saque mi cartera y  le di 3 de mis 6 euros que llevaba, el hombre, me miro con aquellos ojos negros, hundidos en la miseria, pero que me hicieron llenarme de emoción mientras este me daba la mano y me daba eufóricamente las gracias.

Yo, con una sonrisa de oreja a oreja, y todavía emocionado (aunque con el pensamiento de que casos como el de aquel hombre habia miles de millones, gracias a este despiadado sistema capitalista) me dirigí hacia mi grupo de amigos, que antes había dejado por ayudar humildemente a aquel hombre.

Estos me preguntaron que donde me había metido, y les conté lo que había pasado, a lo cual me respondieron con risas y mofas.


Sé que ahora, lo típico seria poner en estas últimas líneas, que desde ahora, dedicare mi vida a ayudar a los más desfavorecidos...etc.
Pero no, no pongo nada de eso, porque desde que se despertó esa conciencia de clase en mi, hace cosa de 2-3 años, intento cumplir con mi deber como revolucionario todos los días de mi vida.
Sin importar lo que esta putrefacta sociedad que alguna conseguiremos cambiar, opine.
Luchar contra este podrido sistema capitalista, contra la criminal burguesia que nos explota y deja en la calle, sin nada, a honrados trabajadores.
Para este sistema, los seres humanos no valemos nada, somos simples monedas de intercambio, simples objetos, lo unico valioso, es el beneficio.

Una sonrisa de agradecimiento como la de aquel hombre, vale más que todo el oro del mundo,

Por lo menos, para este humilde camarada.



Gonzo


jueves, 25 de marzo de 2010

Un inesperado compañero de viaje.

 Este relato a sido sacado del blog al que tanto recurro (http://puebloaragones.blogspot.com/),  y que espero que no sea molestia ;).  Y parricularmente, este escrito me a emocionado, porque yo tambien e vivido situaciones asi, y no son casos aislados...
Nada mas.

Cuando nosotros llegamos, él estaba allí. Seguramente habría llegado a Cariñena para trabajar de temporero en época de vendimia.
Su rostro cansado reflejaba una personalidad tímida. Su cara, curtida por el trabajo, nos devolvía una mirada perdida. Se encontraba allí, sólo, perdido en una vacía estación rural, esperando al tren.
Una terrible sensación de angustia nos invadió cuando pudimos verle nítidamente. En su demacrado y moreno rostro no había alegría ni felicidad. Estaba condenado a la esclavitud.

De repente, rompió el silencio - ¿Cuánto cuesta ir a Zaragoza? - nos preguntó en un forzado castellano. - Cuatro euros más o menos - le respondimos. Alejó su mirada de nosotros y se miró la palma de la mano. Disimuladamente observamos lo que allí guardaba. Llevaba dinero: apenas dos euros. Pudimos ver como su rostro se apagaba aún más. No llevaba dinero suficiente para pagar el billete.


- Tranquilo, toma dos euros y así puedes pagarlo - le dije. Él, con su mejor sonrisa, acercándose un poco a aquella sensación, tan ajena a él, llamada felicidad, me contestó: - Muchas gracias... muchas gracias. - Pudimos observar un gesto de agradecimiento en su rostro, como quien quiere darte las gracias por algo y no sabe cómo hacerlo. - Tranquilo - le respondí.


Comprendí que no es que no quisiera agradecérmelo, sino que no podía; no tenía cómo hacerlo.
Mi compañera y yo, que también esperábamos al tren en la estación, nos quedamos desolados. - Qué más podemos hacer por este buen hombre- nos preguntábamos, en silencio, a través de desoladoras miradas.
En no mucho tiempo llegó el tren y rompió el silencio. Con retraso, como siempre. Me despedí de mi compañera y preté el botón que accionaba la puerta. Procedí a subir al tren. Él, con su cara de tristeza, subió detrás mío.


Pronto me dí cuenta que era la primera vez que se subía a ese tren. En el vagón que me senté yo, se sentó él. Al rato llegó el revisor a cobrarnos el billete.
Pagué el billete y se dirigió hacia él. Efectivamente, también lo pagó. Abandonó el revisor el vagón y volvió el silencio. Esta situación no duró mucho. Él, sentado enfrente mío, me miró, me dirigió una pequeña sonrisa: - Muchas gracias... muchas gracias - me insistió. - De nada, no te preocupes - le volví a repetir. Yo seguía consternado, la pena me inundaba por dentro. ¿Cómo puede estar permitido que haya gente que tenga que vivir así? Lo que más mal me supo es conocer la respuesta y los culpables.




Tras tres cuartos de hora de viaje, llegamos a Zaragoza. Me bajé en el apeadero del Portillo, él me siguió. Seguramente no sabía ni dónde había llegado.


Salí de la estación, como siempre, pero no pude olvidarme de él. Eché la vista atrás y lo observé: estaba desorientado, estaba perdido. Frené el paso y esperé en la puerta. Cuando él llegó le pregunté:


- ¿Adónde quieres ir? ¿quieres que te ayude?


En su reducido castellano me respondió:


- No, no hace falta... ¿por dónde Conde Aranda?
- Tienes que ir por allí - le señalé - ¿Ves el castillo? Coges esa calle y todo para abajo.
- Vale, vale... muchas gracias. Aunque me echaré a dormir en cualquier lado. Tengo una manta. Por aquí parece buen sitio.


Ya, destrozado, avergonzado por mi vida tan buena comparada con la de este pobre hombre, le dijé:


- Cualquier cosa que te apueda ayudar...
- No hace falta. Gracias. Ahora dormiré.


Entonces me fuí. Me arrepentí luego pero, ¿qué podía hacer? Estas situaciones las vives y mientras te suceden no piensas realmente. Luego te arrepientes, ¿qué podía haber hecho?


Un poco más adelante, volví a echar la vista atrás. Él, mi inesperado compañero de viaje, se hacía paso entre adolescentes borrachos (de "botellón") en los alrededores de la estación.


Observé como, al percatarse de ese ridículo panorama, al ver a esos deprimentes jóvenes emborrachándose, se detuvo. Agarró más fuertemente su perjudicada mochila y volvió sobre sus pasos. Se mantuvo indeciso durante unos momentos.


Antes de que yo pudiera ver nada, mis pasos me hicieron doblar la esquina y lo perdí de vista. No sabía qué hacer, seguí el ritmo que marcaban mis pasos.


Con dificultad lo quise observar desde mi ventana, pero no lo encontré. Me quedé de pie en mi habitación totalmente destrozado.


¿Qué podía haber hecho? ¿darle más dinero? ¿llevarle comida? ¿darle alojamiento? Muy complicado. Además esas cosas no las piensas en esos complicados momentos.


Decidí abandonar mi consternación y empecé a pensar qué hacer para que personas como él no tengan que vivir tan precariamente. Me prometí a mi mismo que lucharía incansablemente para derribar este inhumano sistema capitalista, el más destructivo de todos cuantos han existido. El caso que os relato no es aislado ni mucho menos.


Juré mi promesa y aquí sigo. Escribo su historia, la historia de una persona más... un chaval sin nombre; africano, supongo. Se merece que relate su vida, un cacho de esa dura vida que compartió conmigo.


A pesar de que no sé dónde estará ahora, se la dedico.


Todas las personas somos importantes.


Jota



Esta narración es una vivencia personal, totalmente real.
Escribo esta narración a raíz de diversos acontecimientos de índole xenófobo, racista y anti-inmigratorio que se han producido desde hace un tiempo hasta hoy. ¿Acaso los inmigrantes no son también personas? ¿no tienen derecho a una vida digna? No creo que ninguna persona sea capaz de arriesgar su vida, abandonar su familia, amigos y cultura por egoísmo y placer.
El racismo es una lacra que debemos eliminar. El racismo y el fascismo son una herramienta de la burguesía en situaciones de crisis económica para mantener su mercado (sus beneficios) y controlar a la clase trabajadora. El móvil de la xenofobia, el racismo y el fascismo es únicamente económico.


Los fascismos del s. XX (el alemán con Hitler, el italiano con Mussolini y el español con Franco) fueron una respuesta reaccionaria de la burguesía al avance del movimiento obrero y a las consecuencias de la crisis del 29.


Hoy, 81 años después, hemos de aprender de esas experiencias. No podemos permitir ni un paso más al fascismo. Su efectiva derrota debe ser revolucionaria.

Hemos de organizar al Pueblo Trabajador en torno al Partido Comunista, hemos de organizar al Pueblo Trabajador; camino hacia la revolución obrera.
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